Refranes
DIME CON QUIEN ANDAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES Refrán que indica que cada cual suele buscarse amistades y compañía semejante a sí mismo. "pues soy más mentecato que él, pues le sigo y le sirvo, si es verdadero el refrán que dice: "Dime con quien andas, y decirte he quién eres" (El Quijote, capítulo X, 2ª parte / Alejandro García Romero - Alcozar) // "Aquí encaja bien el refrán —dijo Sancho— de dime con quién andas, decirte he quién eres" (El Quijote, capítulo XXIII, 2ª parte / Segundo Álvarez Antón - Cirujales del Río)
EL QUE A BUEN ÁRBOL SE ARRIMA, BUENA SOMBRA LE COBIJA. Refrán que se refiere a los beneficios que se pueden obtener de las buenas relaciones interpersonales. "Y pues la experiencia ense- Que el que a buen árbol se arri- Buena sombra le cobi-" (El Quijote, al libro Don Quijote de La Mancha, 1ª parte / Yolanda Morales Barrero - Oncala) // "—Sí soy —respondió Sancho—, y soy quien la merece tan bien como otro cualquiera; soy quien "júntate a los buenos, y serás uno de ellos", y soy yo de aquellos "no con quien naces, sino con quien paces", y de los "quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija" (El Quijote, capítulo XXXII, 2ª parte / Cristina García Pastor - Alcozar)
A QUIEN DIOS SE LA DÉ, SAN PEDRO SE LA BENDIGA Refrán empleado en señal de conformidad. "Tomad, pues, la parte del campo que quisiéredes, que yo haré lo mesmo, y a quien Dios se la diere, San Pedro se la bendiga" (El Quijote, capítulo LXIII, 2ª parte / Cristina García Pastor - Alcozar)
QUIEN CANTA, SUS MALES ESPANTA Refrán que recomienda enfrentarse con buen humor a las adversidades. "Antes he yo oído decir -dijo don Quijote- que quien canta, sus males espanta" (El Quijote, capítulo XXII, 1ª parte / Esperanza Palomar Peñalba - Torremocha de Ayllón) // (Lucía Díez Álvarez - Morcuera)
TANTAS VECES VA EL CÁNTARO A LA FUENTE... Sentencia que se emplea para señalar que, cuando una mala acción se repite fiándose de la buena suerte, al final ésta se acaba y se pagan las consecuencias. "mira, Sancho, lo que hablas; porque tantas veces va el cantarillo a la fuente..., y no te digo más. (El Quijote, capítulo XXX, 1ª parte / Victoria García Romero - Velilla de San Esteban)
SI DA EL CÁNTARO EN LA PIEDRA, MAL PARA EL CÁNTARO; Y SI LA PIEDRA DA EN EL CÁNTARO, MAL PARA EL CÁNTARO Sentencia que indica que el mal y los perjuicios siempre los recibe el más débil. "—¿Qué mejores —dijo Sancho— que «entre dos muelas cordales nunca pongas tus pulgares», y «a idos de mi casa y qué queréis con mi mujer, no hay responder», y «si da el cántaro en la piedra o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro», todos los cuales vienen a pelo?" (El Quijote, capítulo XLIII, 2ª parte / Divina Aparicio de Andrés - Alcozar)
EN TU CASA CUECEN HABAS, Y EN LA MÍA A CALDERADAS Refrán que señala que los hechos comunes suelen suceder en todas partes. "—No hay camino tan llano —replicó Sancho—, que no tenga algún tropezón o barranco; en otras casas cuecen habas, y en la mía, a calderadas" (El Quijote, capítulo XIII, 2ª parte / Divina Aparicio de Andrés - Alcozar)
LA CUDICIA ROMPE EL SACO También se suele emplear: LA CODICIA ROMPE EL SACO o LA AVARICIA ROMPE EL SACO. Refrán que indica que el excesivo afán de acumular bienes hace a veces que se pierdan todos. "Yo salí de mi tierra y dejé hijos y mujer por venir a servir a vuestra merced, creyendo valer más, y no menos; pero como la cudicia rompe el saco, a mí me ha rasgado mis esperanzas" (El Quijote, capítulo XX, 1ª parte / Isidra Hernando Lamata - Rejas de San Esteban)
EL DAR Y EL TENER, SESO HA MENESTER Refrán que indica que la prodigalidad se ha de ejercer con medida y que conviene ser prudente cuando se es generoso. "—No debió de ser eso —dijo Sancho—, sino que se debió de atener al refrán que dicen: que para dar y tener, seso es menester" (El Quijote, capítulo LVIII, 2ª parte / Eduardo Bas Gonzalo - San Esteban de Gormaz)
LOS DUELOS, CON PAN SON MENOS Cuando se dispone de medios económicos es más fácil solucionar nuestras penas y problemas. "los duelos, con pan son menos; pero tal vez hay que se nos pasa un día y dos sin desayunarnos” (El Quijote, capítulo XIII, 1ª parte / Alejandro García Romero - Alcozar)
LA DONCELLA HONESTA, EL HACER ALGO ES SU FIESTA Refrán que ensalzaba a la mujer trabajadora. "y la doncella honesta, el hacer algo es su fiesta" (El Quijote, capítulo V, 2ª parte / Cristina García Pastor - Alcozar)
LA EXPERIENCIA ES LA MADRE DE LA CIENCIA Refrán que alude a las enseñanzas que atesoramos como consecuencia de experiencias pasadas. "porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias" (El Quijote, capítulo XXI, 1ª parte / Yolanda Morales Barrero - Oncala)
UNA GOLONDRINA NO HACE VERANO Sentencia usada para dar a entender que el caso no es significativo y que no puede tenerse como regla. "Señor, una golondrina sola no hace verano" (El Quijote, capítulo XIII, 1ª parte / Carmen Andrés Hernando - Velilla de San Esteban y Pedro Jesús Carrasco García - Ágreda)
JÚNTATE A LOS BUENOS, Y SERÁS UNO DE ELLOS Refrán usado para indicar la influencia que ejercen sobre nosotros las personas que nos rodean. "—Sí soy —respondió Sancho—, y soy quien la merece tan bien como otro cualquiera; soy quien "júntate a los buenos, y serás uno de ellos", y soy yo de aquellos "no con quien naces, sino con quien paces", y de los "quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija" (El Quijote, capítulo XXXII, 2ª parte / Cristina García Pastor - Alcozar)
IR POR LANA Y SALIR TRASQUILADO Refrán que se emplea cuando los resultados de una acción son totalmente contrarios a los que se esperaba obtener de ella. "¿No será mejor estarse pacífico en su casa, y no irse por el mundo a buscar pan de trastrigo, sin considerar que muchos van por lana y vuelven tresquilados?" (El Quijote, capítulo VII, 1ª parte / Belén Tomás Redondo - San Esteban de Gormaz)
LA LETRA CON SANGRE ENTRA Refrán que señala las dificultades y esfuerzos que son necesarios para aprender. "menester será que el buen Sancho haga alguna diciplina de abrojos, o de las de canelones, que se dejen sentir, porque la letra con sangre entra" (El Quijote, capítulo XXXVI, 2ª parte / Cristina García Pastor - Alcozar)
NO ES LA MIEL PARA LA BOCA DEL ASNO Refrán que expresa lo poco indicadas que son las cosas exquisitas para las personas rudas. "No es la miel para la boca del asno –respondió Sancho–; a su tiempo lo verás" (El Quijote, capítulo LII, 1ª parte - Pilar Bartolomé Monge - Judes)
LA MUJER HONRADA, LA PIERNA QUEBRADA Y EN CASA Refrán que aludía al comportamiento que se esperaba de una mujer. "por el siglo de mi madre que no nos hemos de mudar un paso de nuestra aldea: la mujer honrada, la pierna quebrada y en casa" (El Quijote, capítulo V, 2ª parte / Milagros Pastor del Amo - Alcozar)
NO CON QUIEN NACES, SINO CON QUIEN PACES Refrán que alude a que, más que el nacimiento o la familia, es el roce el que estrecha los lazos afectivos. "y el otro de "No con quien naces, sino con quien paces" (El Quijote, capítulo X, 2ª parte / Milagros Pastor del Amo - Alcozar) // "Sí soy —respondió Sancho—, y soy quien la merece tan bien como otro cualquiera; soy quien "júntate a los buenos, y serás uno de ellos", y soy yo de aquellos "no con quien naces, sino con quien paces" (El Quijote, capítulo XXXII, 2ª parte / Florencio Hernández Fraguas - Ciria)
CADA OVEJA CON SU PAREJA Refrán que denota que cada cual se siente mejor cuando se halla entre los de su misma clase. "¡A mi mujer con eso!, dijo Sancho Panza, que hasta entonces había ido callado y escuchando; la cual no quiere sino que cada uno se case con su igual, ateniéndose al refrán que dice: cada oveja con su pareja" (El Quijote, capítulo XIX, 1ª parte / Cristina García Pastor - Alcozar) // "Cada oveja con su pareja, y nadie tienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana; y déjenme pasar, que se me hace tarde" (El Quijote, capítulo LIII, 2ª parte / Eduardo Bas Gonzalo - San Esteban de Gormaz)
Fábula
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Para otros usos de este término, véase Fábula (desambiguación).
Las fábulas son composiciones breves literarias en las que los personajes casi siempre son animales u objetos, que presentan características humanas como el habla, el movimiento, etc. Estas historias concluyen con una enseñanza o moraleja de carácter instructivo, que suele figurar al final del texto.
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Género literario
No debe confundirse con la parábola o relato simbólico ni con el discurso o sermón parenético, cuya intención es exhortar a seguir una conducta ética y por ello recurre con frecuencia a este tipo de procedimientos.
Se diferencian de los apólogos en que éstos son más generales y en ellos pueden intervenir además hombres y personajes tanto animados como inanimados. Pueden estar escritas en prosa o verso. En el Index motifs, catálogo de motivos de relatos folclóricos de Antti Aarne y Stith Thompson (Aarne-Thompson), las fábulas aparecen clasificadas como cuentos de animales. A pesar de ser un género literario sujeto a la transmisión oral de generación en generación, la fábula aún conserva estas características que la diferencian de otros géneros narrativos más mutables como el cuento o relato o la novela, a la cual el tiempo ha traído numerosos cambios y nuevos subgéneros y tendencias.
Conviene distinguir claramente la fábula género literario de la fábula argumental o argumento: Aristóteles hablaba de esta última cuando escribe que la fábula es uno de los seis elementos que forman la tragedia junto con los caracteres, el canto, la elocución, el pensamiento y el espectáculo. (Poética, cap. VI, 1450a). Así pues, la fábula trágica es su argumento o el encadenamiento de acciones y hechos expuestos que forma la narración o, de otra forma, en el lenguaje cinematográfico, la sinopsis. Un ejemplo de fabula es el "Gato y el Ratón" en donde se pueden identificar las características de esta. El Gato y el Ratón Había una vez un pequeño ratón, que vivía en la casa de una mujer vieja ya. La señora, que temía de estas criaturas, coloco muchas trampas para matar el ratón. El ratón asuntado le pide ayuda al gato de la mujer. -¿Podrías ayudarme, lindo gatito?-le dijo al gato -Si...¿En que?-respondió este -Solo quita las trampas de la casa-dijo el ratón -Mnnn... y ...¿que me das a cambio?-dijo el gato -Finjo ante la señora que estoy muerto, ya que tu me has matado, ella creerá que eres un héroe-respondió el ratón -Me convenciste-dijo el gato El gato saco las rampas de la casa, pero el ratón nunca cumplió su parte del trato. Un día la señora descubre que fue el gato quien saco las trampas, ella muy enojada decide dejar al gato botado en la calle. Los perros matan al gato. Moraleja: "No confíes en todo lo que oyes"
Historia
La fábula ya era cultivada en Mesopotamia, dos mil años antes de nuestra era. Unas tablas de arcilla que provienen de bibliotecas escolares de la época cuentan brevemente historias de zorros astutos, perros desgraciados y elefantes presuntuosos. Muchos de estos textos muestran una gran afinidad con los proverbios por su construcción antitética, pero no poseen una moral explícita.
En la antigüedad griega, la primera fábula es conocida, como la del ruiseñor, la contó Hesíodo alrededor del siglo VIII a.c en Los trabajos y los días, y ya posee la intención de hacer reflexionar sobre la justicia. Aunque en Homero no hay fábulas, sus comparaciones con animales ya poseen in nuce el germen del género. En época clásica Sócrates entretuvo sus últimos días poniendo en verso las fábulas de Esopo. Demetrio de Falero publicó la primera colección de fábulas históricamente atestiguada, que se ha perdido, pero que dio lugar a innumerables versiones. Una de ellas, fusión de varios manuscritos, data probablemente del siglo I después de Cristo, y es la llamada Augustana. Es a esta colección a la que nos referimos cuando hablamos de las llamadas Fábulas de Esopo. Era este un esclavo semilegendario de Asia Menor de cuyas circunstancias biográficas poco se puede sacar en limpio, salvo que fue vendido como esclavo en Samos al filósofo Janto, quien le prometió repetidas veces la libertad y la obtuvo al fin gracias a una intervención popular. Nicóstrato hizo una colección de fábulas con intención educativa en el siglo II, y también otros sofistas. De Grecia la fábula pasó a Roma; Horacio escribió en Sátiras, II, 6, una memorable, la del ratón del campo y el ratón de ciudad; Fedro, siguiendo ese precedente, transformó el género en prosa en un género poético en verso. En el siglo IV el poeta romano Flavio Aviano escribió unas cuarenta, en su mayor parte adaptaciones de las de Fedro, pero otras no atestiguadas por ninguna tradición y quizá elaboradas por él mismo; las fábulas de Aviano circularon mucho en la Edad Media, porque a diferencia de las de Fedro no son nunca licenciosas y su métrica, en la que abunda el hexámetro leonino, facilita el recuerdo.
En la Edad Media la fábula continúa transmitiéndose bajo nombres de autores o de colecciones que parecen pseudónimos: Romulus, Syntipas, pseudo-Dositeo, el Isopete... Esta temática se expande considerablemente mediante el Roman de Renart, colección de narraciones compuestas por clérigos anónimos en el siglo XII. En las historias del Ysengrinus, obra latina del poeta flamenco Nivard de Gand, la lucha del zorro contra el lobo sirve de pretexto para una vigorosa sátira social del la sociedad feudal y sus injusticias. La fábula se transforma aquí en una comedia animal. En el siglo XII, la poetisa María de Francia publica una colección de 63 fábulas.
Por otra parte, circularon por Europa numerosas colecciones de otras fábulas pertenecientes a una tradición autónoma distinta de origen indio (Hitopadesa, Pancatantra), difundidas a través de traducciones árabes o judáicas españolas o sicilianas. Muchas de ellas fueron a pasar a exemplarios o libros de ejemplos para sermones. El más famoso y difundido fue sin duda la Disciplina clericalis del judío converso español Pedro Alfonso, entre otros muchos.
Durante el Renacimiento las fábulas contaron con el interés de los humanistas; Leonardo da Vinci, por ejemplo, compuso un libro de fábulas. El género de los emblemas, que se puso de moda en el siglo XVI y XVII, recurrió con frecuencia a la fábula en el comentario escrito y en el grabado gráfico a imitación del humanista italiano Alciato, como los de Guillaume Guéroult, quien parece haberse especializado en este género con Le Blason des Oyseaux (1551), Les Hymnes du Temps et de ses parties (1560) y Les Figures de la Bible (1564), compuestos bajo el mismo modelo de un grabado acompañado de una corta pieza en verso. En Portugal cultiva la fábula Sá de Miranda. El jesuita François-Joseph Desbillons, profesor, produjo quinientas sesenta. Boisard publicó una colección con mil y una. Jean-Pons-Guillaume Viennet publicó en 1843 fábulas que escribió a lo largo de toda su vida. Incluso Napoleón, antes de ser consagrado emperador, compuso una juzgada bastante buena en su época.
Sin embargo casi todos estos autores han caído en el olvido, salvo Jean de La Fontaine y el escritor dieciochesco Florian (1755-1794). Este último compuso una colección de un centenar de fábulas de moraleja pública o privada. Florian inspiró a su vez al inglés John Gay y a los españoles Tomás de Iriarte (Fábulas literarias) y Félix María Samaniego. Gotthold Ephraim Lessing ilustró el género en Alemania e Ignacy Krasicki en Polonia.
En el siglo XIX la fábula se cultivó también con ahínco en el resto del mundo, aunque no en Francia; tuvieron éxito solamente las colecciones especializadas en temas concretos; en Rusia cultivaron el género Iván Krylov, en España Cristóbal de Beña (Fábulas políticas) y Juan Eugenio Hartzenbusch y en México José Rosas Moreno. Ambrose Bierce utilizó la fábula para la sátira política en los Estados Unidos (con sus Fábulas fantásticas y su Esopo enmendado), pero Beatrix Potter (1866-1943) fue más convencional en Gran Bretaña.
En España, y ya en el siglo XX, ha escrito un Nuevo fabulario Ramón de Basterra, quien, siguiendo algunos precedentes de Hartzenbusch, hace protagonistas de sus composiciones a elementos deshumanizados, como máquinas, cigüeñales, émbolos, cables y grúas, en vez de leones, zorras, cuervos o lobos; con ello incorpora la Revolución industrial y las Vanguardias a esta milenaria tradición. En 1961, el dramaturgo francés Jean Anouilh publicó una colección de 43 fábulas que fue muy vendida y revitalizó este género. Jean Chollet ha escrito también en el siglo XX bastantes fábulas inspiradas en el mundo actual.
Las fábulas y los apólogos se utilizaron desde la Antigüedad grecorromana por los esclavos pedagogos para enseñar conducta ética a los niños que educaban. La moral deducida de estos ejemplos era la del paganismo: es imposible cambiar la condición natural de las cosas, incluida la condición humana y el carácter de las personas. Con el tiempo, el Cristianismo sustituyó esta concepción del mundo por otra que presuponía en el hombre la posibilidad de cambiar su naturaleza, con un juicio moral incluido. Esopo y Babrio, entre los autores de expresión griega, y Fedro y Aviano entre los romanos, han sido los autores más célebres de fábulas y han servido de ejemplo a los demás. Con la revitalización de la Antigüedad clásica en el siglo XVIII y su afán didáctico y educador comenzaron a escribirse fábulas; en el siglo XIX, la fábula fue uno de los géneros más populares, pero empezaron a ampliarse sus temas y se realizaron colecciones especializadas. En el siglo XX el género se cultivó ya muy poco.
Características
La fábula clásica reposa sobre una doble estructura; desde el título mismo se encuentra una oposición entre dos personajes de posiciones subjetivas encontradas. Pero estos dos personajes se encuentran siempre en desigualdad social: uno en posición alta y otro en posición baja y desfavorable. Gracias a un evento narrativo imprevisto o survenant, el que estaba en posición alta se encuentra en posición inferior y viceversa. Este esquema es denominado por Christian Vandendorpe como "doble reenvío" en Apprendre à lire des fables, Montréal, 1989 y se encuentra en decenas de ellas, sobre todo en las populares, y permite fijar la comprensión y vehicular una moralidad clara. Como dice Hegel, "La fábula es como un enigma que será siempre acompañado por su solución" (Estética, II) Incluso si la fábula no tiene ya popularidad, el esquema que la forma se reencuentra en el hecho diverso (Christian Vandendorpe, De la fable au fait divers) y en la leyenda urbana (Jean-Bruno Renard, Rumeurs et légendes urbaines, Paris: Coll. Que sais-je?, 3445). Estas situaciones son imprescindibles en una fábula, pues sin importar el autor, el contexto social o político, éstas son las que la identifican y marcan un límite entre ella y otros géneros similares con los que podría confundirse por la forma alegórica que contienen. Otro punto de partida importante para delimitar la fábula, es que ésta se estructura en hechos imposibles a diferencia de los otros géneros alegóricos.
Como género literario posee un carácter míxto narrativo y didáctico y estas propiedades:
- Esencialmente ofrece un contenido moralizante o didáctico.
- Siempre contiene una moraleja. En las más antiguas se encuentra escrita al final del texto.
- Generalmente es una pieza muy breve y con pocos personajes.
- Posee una gran inventiva, riqueza imaginativa y de colorido.
- Es inverosímil.
- Su exposición de vicios y virtudes es maliciosa, irónica.
Fábula y moral
A lo largo de la historia, la fábula ha sido considerada más que un elemento lúdico o un género literario. Diferentes pensadores le han dado a la fábula un tinte de elemento ejemplarizante que a lo largo de la historia ha fungido como más que relatos fantásticos con animales.
Uno de los primeros filósofos que opinó respecto a la problemática de la enseñanza por medio de las fábulas, fue Platón, quien la atacó por la preponderancia que él le daba a la lógica sobre la estética; sin embargo, Platón se oponía no solo al uso de las fábulas en la enseñanza sino a todo uso de arte, puesto que el arte alejaba el alma de la verdad, de la cual poseía por naturaleza la semilla y la disposición para el conocimiento. (Nervi, 1965)
Aristóteles define a la fábula como uno de los tantos elementos de los que se vale un orador para persuadir. Por tanto es un elemento más de la retórica y no un género literario. Ya en las fábulas griegas se reflejaban rasgos de su sociedad; cada sociedad ha buscado transmitir ciertos valores de manera implícita en estas narraciones sin embargo fantásticas.
Por otra parte, Rousseau (2005, p115) critica fuertemente el uso de las fábulas en el entorno educativo y las tilda de deformadoras del carácter inocente de los niños. Para Rousseau las fábulas son relatos de difícil entendimiento para un niño y son escritos cargados de mensajes de moral equívoca, porque muestran que es el más fuerte y astuto quien vence y posee ventajas sobre quienes adolecen de falta de sagacidad.
Sin embargo, si bien hubo críticos acérrimos de las fábulas, también hay quienes desde una posición más neutral defienden que pueden ser beneficiosas en ciertos procesos de aprendizaje. Karl Vossler (1947, p.70) dijo a propósito que una fábula puede servir como elemento de ayuda en el aprendizaje, pero no para los niños, puesto que un correcto entendimiento de las mismas necesita al menos la experiencia de quien tenga al menos 40 años.
Más benévolos son autores como Alfonso Francia (1992, p.8), quien destaca la importancia del género para fomentar actitudes y comportamientos precavidos en niños y adolescentes; es más, afirma que una gran cantidad de técnicas y recursos hacen de la fábula un medio pedagógico de primera calidad y del cual se puede hacer uso para mejorar el proceso educativo.
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